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FUNDACIÓN DEL CONVENTO DE SANTA CLARA

LOS PONCE DE LEÓN COMO NOBLES

A lo largo de los siglos XIV y XV, el proceso de delimitación de funciones y ámbitos de influencia entre monarquía y nobleza acentúa la necesidad de los linajes de hacerse presente en sus lugares señoriales, siendo la única vía posible la de fundaciones o refundaciones o dotaciones religiosas, entonces emblemas de la magnificencia, fortaleza y solidez de la institución señorial. Junto a las escasísimas fundaciones realizadas por los PONCE DE LEÓN de forma directa, los mismos participaron y estuvieron presentes en numerosos procesos fundacionales, prácticamente en todos aquellos que se produjeron en sus ámbitos señoriales. Además, la importancia que su participación tiene en el aspecto económico, hizo que numerosas fundaciones que ellos no realizaron les sean atribuidas. Claros ejemplos de estas intervenciones tardías es Santa Clara.

 

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RETABLO MAYOR

El retablo mayor de Santa Clara es una gran “máquina escultórica”, que se construyó en la primera mitad del s.XVII.

Según el cronista Morales se terminó en el año 1642.

 

El retablo de madera tallada y dorada, es una obra clásica de la época de transición del Renacimiento al Barroco. Consta de tres cuerpos y un ático, distribuidos en cinco calles separadas por columnas distintas en cada cuerpo: toscanas estriadas con aristas planas, las del primero; jónicas helicoidales, las del segundo y corintias funiculadas, las del tercero. Cada cuerpo está separado del otro mediante piso y cornisa: el primero dividido en triglifos-biglifos y metopas, compuestas éstas últimas por una gran roseta; el segundo , piso corrido, mientras que el tercero aparece decorado con un bajo relieve en forma de roleos. En los dos primeros cuerpos aparecen, sobre las cornisas unas molduras en forma de volutas, que hacen aumentar la ornamentación del retablo. Este pertenece a los llamados “retablos planos” que tuvieron un gran desarrollo a finales del gótico y se extendieron por la zona de Castilla y León, teniendo un gran desarrollo en el barroco.

 

Guardando las distancias, las disposición de las columnas sigue la ya utilizada en la fachada exterior del “Coliseo” de Roma donde se superponen los cuatro órdenes clásicos de la arquitectura greco-romana. Como es característico de la época –sobre todo en la obra de Martínez Montañés, como el retablo de San Isidoro del Campo- el retablo contiene esculturas exentas de bulto redondo y altos relieves en madera estofada y policromada.

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Santa Clara

Imagen de talla completa en madera dorada, en su correspondiente indumentaria, y policromada en las manos y en la mascarilla de la cara. Presenta piernas rectas y rigidez en todo el cuerpo, vislumbrándose un cierto hieratismo en su apacible rostro juvenil.

 

Ataviada con bonita indumentaria de corte monjil que cae con gravedad sin dejar notar ninguna parte de su anatomía. Viste ancha saya, sujetada al talle mediante un cordón, escapulario y capa, ornamentados a base de dibujos curvos, vegetales y roleos a través de un laborioso y magnífico estofado. Cubre su cabeza con una toca negra. Las prendas presentan unos colores pálidos entre castaños y rojizos. Como atributos iconográficos presenta una aureola dorada sobre su cabeza como símbolo de su santidad, junto con un báculo, emblema de su dignidad. En su mano derecha porta un ostensorio o custodia que la caracteriza como fiel defensora del misterio de la Eucaristía.

 

Tras la restauración efectuada en 1993-94 en el templo y en el retablo, la imagen, a pesar de seguir presidiendo la parte central, presenta un encasamiento distinto, pues desaparecen los enormes rayos dorados que se desprendían tras la talla, mientras que actualmente posee un fondo rojo que hace destacar, aún más, a la titular del desaparecido convento.

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PURÍSIMA CONCEPCIÓN

Titular de la “Congregación de las Hijas de la Inmaculada Concepción”, acogida, dicha asociación, en el templo de Santa Clara bajo las clarisas. Esta, que en su momento tomó el nombre de “Congregación de la Escuela de María Santísima Nuestra Madre” se estableció en plena ocupación francesa, el 2 de Noviembre de 1808, en la capilla de San Lorenzo, donde todos los viernes ofrendaban rezos y oraciones. Tras muchos problemas, dicha asociación, se extinguió, para resurgir con más fuerza en 1878, cuando la devoción Mariana se encontraba en plenitud, debido a la reciente proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción.

 

Ya establecidas en el templo y aprovechando que el cardenal Lluch y Garriga se encontraba en Marchena con motivo de la “Santa Pastoral Visita”, le piden se digne concederlas aprobación y santa bendición así como confirmar sus cargos.

 

En el año 1888, ocupando la mitra hispalense el dominico Fray Ceferino González, solicitan la agregación a la Primaria de la Anunciata de Roma,  para el logro de gracias y privilegios espirituales a la misma concedidas.

Durante toda su andadura se distinguieron por su constancia y devoción. Todos los días visitaban el templo grupos de las hijas de María que alternaban por turnos. Celebraban anualmente novena en honor a la Purísima Concepción, coincidiendo en su día; habiendo incluso constancia documental de haber sacado en procesión a la imagen que veneraban en celebraciones extraordinarias.

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Virgen del Buen Suceso

Imagen de la madre de Dios que llega a Marchena en el año 1600 según un manuscrito del cronista D. Juan Morales Sastres fechado en 1831, conforme el cual conservaban “las religiosas de este convento algunas memorias acerca de la imagen de Ntra. Sra. del Buen Suceso que se venera en su altar Mayor. Según se dice, en el año de 1600, Alonso Angel de Jesús, vecino de Madrid, hizo tres imágenes iguales, y que en sueños le vino a la memoria que regalase una de ellas al Convento de Santa Clara de Marchena y habiendo encontrado al día siguiente a una mujer que le dijo ser de dicha villa y que venía a ella, sin más informes le entregó la imagen en una cajita, la que dicha mujer trajo a dicho convento colocándola en el altar Mayor sobre el Sagrario...”

 

Como en tantas otras imágenes gloriosas, una serie de misterios y leyendas envuelve los comienzos de su devoción, atribuyéndosele numerosos milagros y favores, algunos de los cuales están recogidos en el aludido manuscrito.

 

La imagen de reducidas dimensiones (tres palmos y medio) es toda de talla completa en madera dorada y policromada, muy restaurada por lo que ha perdido parte de su encanto original. Caracterizada por su regio empaque, tiene expresión de gran soberanía y majestad, con la particularidad de ser de color negro.

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San Francisco y San Buenaventura

A través de una carta existente en el archivo de Vicaría de la Parroquia Matriz de San Juan se ha podido conocer que la Imágenes que hoy reciben culto en la Iglesia de Santa Clara (a modo de hipótesis) de S. Francisco y S. Buenaventura, al igual que los sagrados titulares, provienen del desaparecido convento de San Francisco de esta villa.

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CRUCIFICADO

De reducidas dimensiones, pero de un asombroso valor artístico. De tres clavos, llagado, pero todavía vivo, sin la herida del costado y sin corona de espinas.

 

Fechable hacia 1575 aproximadamente, estilísticamente podía pertenecer al gótico tardío. Cruz redonda, arbórea. Desde 1994, pasó a presidir un pequeño altar en la parte derecha del presbiterio, en forma de hornacina con arco apuntado y fondo rojo, enmarcado por alfiz y cornisa. Es de madera dorada resaltando la policromía verde de las enjutas y otras partes.

 
SAN CUCUFATE

Al presentar Prudencio, en el canto IV del Peristephanon, dedicado a los mártires de Zaragoza, las más sublimes glorias que las diversas ciudades presentarán ante el Señor, refiriéndose a Barcelona nos dice: "Y tú, Barcelona, te levantarás confiada en el eximio San Cucufate".

Por otra parte, en el martirologio jeronimiano, y posteriormente en todos los calendarios y martirologios, se consigna en este día y en Barcelona el nacimiento al cielo de San Cucufate.

 

Evidentemente, la vida de San Cucufate, tal como se nos refiere en la "Ieyenda de oro" de la Edad Media, presenta muchos rasgos característicos de las leyendas, tan frecuentes en todas las naciones cristianas. Sin embargo, la circunstancia de que ya Prudencio en su tiempo nos comunique con tanta precisión el hecho del martirio de San Cucufate en Barcelona, indica con suficiente claridad que, al menos, los hechos fundamentales de su martirio responden a la realidad. Téngase presente que Prudencio debió escribir dicha obra hada el año 380 y que el martirio de San Cucufate debió ocurrir el año 305 ó 306. Por consiguiente, se trataba de hechos relativamente recientes y que, por referirse a los mártires cristianos, tan venerados por todos los fieles, permanecían en la memoria de todos.

 

Hay más. El testimonio de Prudencio sobre la verdad del martirio de San Cucufate adquiere un valor muy especial si se le considera juntamente con los demás que presenta el poeta en el mismo himno. Pues bien; así como debemos decir que todos esos mártires a que alude Prudencio son realmente históricos, aunque tal vez en las Actas o Pasiones correspondientes se hayan mezclado rasgos legendarios, lo mismo debemos decir de San Cucufate.

 

Esto supuesto, es difícil, y aun prácticamente imposible, señalar no sólo con precisión, pero ni aun aproximadamente, cuáles son en el martirio de San Cucufate los datos históricos y cuáles los legendarios. En general podemos afirmar que los hechos fundamentales de su valor y constancia, de su ardiente fe y de su heroísmo en derramar su sangre por defenderla, son históricos y responden a la realidad. En cambio, entran, sin duda, en el campo de la leyenda multitud de rasgos accidentales o circunstanciales del martirio, particularmente la multitud de tormentos a que es sometido, los milagros estupendos y repetidos y las muertes de los perseguidores de San Cucufate. En todo caso, persiste la ejemplaridad del martirio como modelo para todo cristiano de nuestros días.

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Hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores