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El Nacimiento de la orden Tercera en Marchena

            Antes de entrar propiamente en Marchena tenemos que reseñar que en Andalucía se considera fundamental el establecimiento del Orden Tercero de Servitas de la ciudad de Sevilla. Se organizó la congregación el 24 de julio de 1696. Se empezó a rendir culto a una pequeña imagen del Sexto Dolor de María. El 1 de Agosto de 1696, D. Jaime de Palafox y Candona, aprobó las primeras reglas de la corporación. Pronto compró unos terrenos junto a la parroquia de San Marcos donde hoy sigue establecida. Reorganizada en 1955 y aprobada como cofradía de penitencia en 1972. Esta corriente se extiende por todo el arzobispado de Sevilla, llegando a Marchena en un momento tardío.

El 10 de Mayo de 1819 FRAY JOSE LUIS DE LA FUENTE, Predicador General y Comisario Visitador del Venerable Orden Tercero de San Francisco, desde el Convento de Franciscanos Menores Observantes de San Francisco de la villa de Marchena se dirige al Ministro Provincial de la Custodia Bética de los mismos frailes Franciscanos para exponerle lo siguiente. A instancias de la devoción de los fieles había obtenido del General de los Siervos de María, Fray Esteban Arstormmachi, licencia para fundar en el convento marchenero una congregación de seglares "ustriusque sexum" con el mismo título de Siervos de María, confiriéndole a él toda la autoridad que para dicha fundación se requiere en los términos y circunstancias que aparecían en las referidas letras patentes que presentaba al provincial”, y deseando como deseo satisfacer los piadosos deseos de la común y general devoción que a la Dolorosa Virgen y Madre de Dios profesa no poca parte de este pueblo, que para que logren los intereses espirituales que de esto puede resultar en beneficio de las almas; y para promover la gloria de Dios y los cultos tan justamente debidos a la que, siendo madre del mismo Dios, es igualmente el Amparo, Refugio y Consuelo de todos los pecadores." y, por tanto, suplicaba al Ministro provincial de los Franciscanos le concediera la gracia de usar la facultad que le había dado el General de los Servitas para poder fundar la citada congregación de Siervos de María. Pide que la aprobación y licencia sellada y refrendada, constase la legitimidad de la fundación y que los instrumentos que la acreditan puedan ser archivados en San Francisco de Marchena. Fray José Luis de la Fuente había obtenido el permiso de la Orden a la que iba a pertenecer a la congregación solicitaba él de su propia orden, la Franciscana, en su rama de los Menores Observantes, propietaria del convento marchenero en cuya iglesia se iba a establecer. En el mismo día, desde el Convento de Santa Eulalia (Santa Olalla), el Ministro Provincial, FRAY PEDRO XIMENEZ, concedió permiso para el establecimiento de la Orden Tercera de Servitas en San Francisco. El 6 de Mayo de 1820 el notario José María Cisneros y García en nombre del mismo Fray José Luis de la Fuente se dirigía al De y Cabildo de la Catedral de Sevilla, para solicitarle licencia para fundar la congregación. Pero ahora se le pedía a la Congregación que presentara sus estatutos e hiciera constar que no existía en la cercanía o en la misma Marchena otra Congregación similar. El 27 de este mes se presentó los estatutos donde se hacía constar lo que ya se había dicho: la no existencia de otra congregación similar en Marchena o sus cercanías, lo cual, al parecer, preocupaba mucho al Vicario. El día 29, D. José María García y Mora, vicario de Marchena y Paradas, ante el notario Andrés Martínez acepta la comisión y la transmite al franciscano para que trasladase lo pedido al notario mayor de Sevilla, D, José Barrero y Díaz.

 

Las reglas comienzan con un título que nos muestra bien claro el carácter mixto de la Congregación. Dice “Reglas y Constituciones de los Hermanos y Hermanas de la Congregación de Siervos de María Santísima DOLOROSA, que se deberán inviolablemente observar”.

 

En el día que se recibía el SANTO HABITO o el ESCAPULARIO –ambos son de color negro y se trataba de una Orden Tercera no de una cofradía- los hermanos debían confesar y comulgar reflexionando “…que en aquella bendita hora se hacen siervos de la Gran Reyna del Cielo, y que visten aquel misterioso escapulario, que lleva consigo una memoria perpetua de los extremos dolores, que padeció María Santísima de la Pasión y Muerte de Jesucristo su Santísimo Hijo”. La advocación de María Madre Dolorosa (de pie o sentada) aparece vestida de negro. La rodean los ángeles que portan atributos de la Pasión que, al igual que el negro del hábito, representan sus dolores. Otro ángel porta la regla de San Agustín de Hipona, que es la que sigue esta Familia Religiosa, y otro la leyenda “Sercorum Mariae”. En algunos casos a su lado aparecen San Agustín y San Pedro Mártir. El primero simboliza la concesión de su regla a la orden y el segundo la aprobación definitiva de ésta. También se representa a la Virgen como Madre de sus Siervos. María, Mater Misericordiae, aparece rodeada de frailes Conventuales y Observantes. Pero la representación que hizo más fortuna es la de María MADRE DOLOROSA, representada de tres maneras: al pie de la cruz, con su hijo en el regazo o a solas con su dolor.

 

Así, la representación plástica de esta advocación, además de lo dicho anteriormente, sigue un modelo iconográfico que nos representa por lo general a la Virgen elevando la mirada hacia el cielo en actitud expresiva, devota y de súplica. Como atributo suele mostrar un corazón atravesado de uno o siete puñales, cuando no aparece simplemente una daga clavada en su pecho.

 

Esos siete puñales, son la representación simbólica de los Siete Dolores clásicos que traspasaron el corazón de la Virgen, los que experimentó María en los siguientes momentos de su vida:

 

Al oír la profecía de Simeón –Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que decían de él. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: “este niño está destinado en Israel para que unos caigan y otros se levanten; será signo de contradicción para que sean descubiertos los pensamientos de todos; y a ti una espada te atravesará el corazón”- Lucas 2, 33-35. Al huir a Egipto, cuando perdió a su hijo en el templo, al contemplarlo en la calle de la amargura, cuando lo vio pendiente en la cruz, al descenderlo de ésta y cuando lo sepultó.

 

Continuando con las reglas, el segundo capítulo ordena que el escapulario debían llevarlo siempre puesto y tenía que estar bendecido. El tercer estatuto manda que los servitas marcheneros debían rezar cada día siete veces el padrenuestro y siete el avemaría, en memoria de los siete dolores de la Virgen, y los viernes debían acudir a rezar la corona dolorosa a la iglesia. El cuarto decía que a la muerte de cualquier congregante, los restantes debían rezar también siete padrenuestros y siete avemarías en sufragio de su alma (María, mediadora entre Dios y los hombres). En el quinto se manda que en todas las fiestas de María los siervos se confesarán y comulgarán, para alcanzar las indulgencias de tales días: Natividad, Anunciación, Purificación y Asunción. El sexto capítulo establece que el primer domingo de mes los congregantes deberían asistir y acompañar a la imagen de la Dolorosa para conseguir la indulgencia plenaria. El séptimo ordena a los hermanos a visitar con frecuencia la capilla o altar de la congregación. El octavo nos refiere la estrecha vinculación de la Tercera Orden con la Primera, con la rama masculina de frailes. El noveno capítulo hace presente a los congregantes que adviertan a los de su casa el cuidado de que les hagan dar la absolución solemne con indulgencia plenaria concedida a todos los que visten el santo escapulario de los Dolores de María. Por último, aparece en el décimo capítulo una admonición. Se advierte a los congregantes que si dejaran de observar algunas de las constituciones, no pecaban pero quedaban privados de los méritos, gracias e indulgencias concedidas a los que fielmente las observaran.

 

En junio de 1820, la congregación no poseía caudal, bienes, sala capitular, iglesia, capilla ni altar propio. El promotor de ella, Fray Luis de la Fuente, sólo contaba con las limosnas voluntarias de los fieles que se apuntaban en sus filas. Pero para cumplir el mandato de la citada patente de que se erigiera un altar dedicado a María Santísima en sus Dolores, se había costeado uno en la iglesia del convento, propio de un patronato y con licencia de los patronos se había colocado en el lugar principal la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, ante la cual se había de rezar la corona y los demás ejercicios propios de la Tercera Orden Servita cuando se verificara la aprobación.

 

Ya se tiene, pues, imagen de la Virgen y retablo en el convento. Poco suponía, de todas formas, para lo ordenancistas que eran las leyes de este s.XIX, imbuido de un serio espíritu ilustrado incluso en los sectores más recónditos de la Iglesia.

 

Entre todos los cultos celebrados en honor a Nuestra Señora el Viernes de Dolores, es la jornada que se considera más importante en el ciclo cultural de la corporación y que es llamado, como en efecto lo es, Viernes posterior a la Dominica Quinta de Pasión y del día de San Felipe Benicio, que se celebraba y se celebra el 23 de agosto. Así, en este día, el Viernes de Dolores, se ordena que se celebre una procesión en la que los siervos acompañarían el Simpecado de la Virgen de los Dolores rezando la corona, a cuyo rezo, Urbano VIII le había concedido indulgencia plenaria por decreto del 28 de Febrero de 1639. Esta indulgencia también podían lucrarla los que sin ser siervos acompañaran el simpecado con la debida modestia y devoción. Se especificaba que iban: “…acompañando a María Santísima Nuestra Señora en sus Mayores penas y aflicciones”.

 

Además de los cultos y otras obligaciones, los siervos pagarán, en servicio de “María Santísima Nuestra Dulce Abogada y Dolorosa Madre” dos cuartos mensuales, que se entregarían contando desde el mes que recibieran el escapulario.

 

El cumplimiento de tal multitud de reglas, de acuerdo con las disposiciones de Martín V, no obligaba bajo pecado, mas ciertamente, se exhortaba a los siervos a su cumplimiento en servicio de Cristo y en obsequio de su Madre Dolorosa, Abogada y Señora, y también para provecho espiritual de sus almas y para merecer por este medio el tesoro de las indulgencias concedidas por los diversos papas: “… a los verdaderos siervos y esclavos de la gran Reyna Dolorosa”. Firmaba estos estatutos Fray José Luís de la Fuente, verdadero y auténtico fundador de la Orden Tercera Marchenera, aunque no sabemos si el único redactor de sus ordenanzas.

 

El 28 de Febrero de 1821, como certifica D. José María Cisneros, Fray José Luís de la Fuente presentó las reglas y el 23 de Marzo, tras haber pasado por el fiscal y licenciado Limón y como escribe el notario D. José Borrero, el Dr. D. Francisco Xavier de Duton, Canónigo, Provisor y Vicario Capitular sede vacante, que había sustituido al Deán D. Fabián de Miranda y Sierra, habiendo visto el expediente aprueba las constituciones.

 

Nuestra Señora de los Dolores pasó luego a darle culto la Hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia, imagen que se veneraba en San Francisco, y cuya cofradía fue fundada el 28 de Mayo de 1820, aprobándose sus reglas por el mismo vicario general D. Francisco Xavier de Duton el 14 de Febrero de 1821, antes aún que las de la Orden Tercera.

 

Quizás el que las ordenanzas de esta nueva hermandad incluyeran en su título a Nuestra Señora de los Dolores y que se establecieran que esta Virgen debería acompañar al Señor de la Humildad en la procesión del Jueves santo por la noche, haciendo estación en el Convento de Franciscanas Clarisas de Santa Clara, explique que los servitas no ordenen en sus reglas procesionaria el Viernes de Dolores; tan sólo se nos cuenta que se sacaba el Simpecado.

 

Es una incógnita, que había que resolver al igual que había que estudiar las relaciones de esta Hermandad y la Orden Tercera.

 

Tras la ocupación napoleónica el convento de S. Francisco entrará en una profunda decadencia. D. Lucas Fernández, vecino de Marchena y síndico del citado convento profesaba a Nuestra Señora de los Dolores. A los pies de su capilla, estaba sepultada su esposa. A sí mismo, este señor, solicita al Ministro Provincial de los franciscanos de la Santa Provincia de Andalucía, Rvdo. Padre Manuel Martínez Pulido, la donación de la capilla, altar e imagen de Nuestra Señora de los Dolores, para labrar una cripta a los pies del retablo para el enterramiento tanto de sí mismo como de sus hijos y descendientes. Dicha familia Fernández, estaba estrechamente unida a la confraternidad servita de la que eran miembros destacados. En función de esos vínculos, María de la Purificación, Antonia y Incolaza Fernández costearon la traslación del retablo de la Santísima Virgen al Convento de Santa Clara, cuando, a consecuencia del desplome de la bóveda de la iglesia de S. Francisco que causó la destrucción del coro y la sillería, se ordenó la distribución de las imágenes y efectos útiles existentes en él por entre otros de la localidad.

 

Bibliografía:

 

“La fundación de la Orden Tercera de Siervos de María de la Villa de Marchena” Germán Calderón Alonso.

Actas de las IV Jornadas sobre Historia de Marchena: “Marchena en los tiempos contemporáneos (s.XIX-XX)”.

Boletín nº 13, Septiembre de 1997, “La Humildad”.

“Misterios de Sevilla” Tomo V.

 
Hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores