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Archidióc. de Sevilla

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Santa Clara

Imagen de talla completa en madera dorada, en su correspondiente indumentaria, y policromada en las manos y en la mascarilla de la cara. Presenta piernas rectas y rigidez en todo el cuerpo, vislumbrándose un cierto hieratismo en su apacible rostro juvenil.

 

Ataviada con bonita indumentaria de corte monjil que cae con gravedad sin dejar notar ninguna parte de su anatomía. Viste ancha saya, sujetada al talle mediante un cordón, escapulario y capa, ornamentados a base de dibujos curvos, vegetales y roleos a través de un laborioso y magnífico estofado. Cubre su cabeza con una toca negra. Las prendas presentan unos colores pálidos entre castaños y rojizos. Como atributos iconográficos presenta una aureola dorada sobre su cabeza como símbolo de su santidad, junto con un báculo, emblema de su dignidad. En su mano derecha porta un ostensorio o custodia que la caracteriza como fiel defensora del misterio de la Eucaristía.

 

Tras la restauración efectuada en 1993-94 en el templo y en el retablo, la imagen, a pesar de seguir presidiendo la parte central, presenta un encasamiento distinto, pues desaparecen los enormes rayos dorados que se desprendían tras la talla, mientras que actualmente posee un fondo rojo que hace destacar, aún más, a la titular del desaparecido convento.

 

Parte de la historia de Santa clara de Asís:

CLARA FAVARONE, nace el día 13 de Diciembre del año 1193, en la pequeña localidad de Asís, perteneciente al ducado de Spoleto. De muy poderosa familia, pronto comenzó a destacar entre sus hermanas, Inés y Beatriz, y a ganar esplendor durante su tierna infancia. De su madre recibió una sólida y con dócil corazón los primeros conocimientos de la fe. Forjada desde la infancia, Clara conservaría siempre los rasgos de las virtudes y gracias de su madre Hortulana supo inculcarle desde muy niña: fortaleza, firmeza de carácter, valor, serenidad, generosidad, nobleza, fidelidad, etc.… y sobre todo una fe viva y un sentido social todo evangélico y comprometido.

 

A los 12 años (según la costumbre de la época). Clara fue prometida a Rainiero de Bernardo. Pero, para Clara, su prometido era un amigo más al que hablaba de Dios; ella libre y pura, siempre le hablaba de su verdadero y único amor: Dios. Rehusó casarse, pues quiso permanecer virgen y en pobreza hasta el final de sus días. Al llegar a la mayoría de edad, y tras la muerte de su padre, Clara pudo disponer de su herencia, de la cual se despoja, además de otros bienes personales: ropas, joyas… en la madrugada del 29 de Marzo de 1211, Lunes Santo, Clara abandona la casa paterna para dirigirse a la PORCIUNCULA y ser consagrada a Dios.

 

En Santa María de los Ángeles, donde Francisco y sus frailes velaban las vigilias sagradas, fue recibida con antorchas la Virgen Clara. Los hermanos casi no creían lo que veían sus ojos: en la misma cuna donde un año antes había nacido la Orden de los frailes menores, iba a nacer su forma femenina, la Orden de las Hermanas Pobres.

 

Ante el altar de la iglesia de la Virgen, le fue cortada la cabellera a Clara por mano de los frailes, se despoja de sus vestidos y toma la túnica de pobre ciñéndola con una cuerda. De ésta forma tuvo lugar la profesión de Clara de Asís a la vida religiosa que había elegido: seguir a Jesucristo y seguirle en pobreza, al lado de los hermanos que en ese momento eran testigos.

 

Después la llevaron a la iglesia de San Pablo de las Abadesas, monasterio de Benedictinas, donde dieron asilo a Clara.

 

El miércoles 12 de abril dejó la abadía para pedir hospitalidad en el monasterio del Santo Ángel, también de benedictinas, donde estuvo poco tiempo, pero donde recibió y abrazó a su hermana Inés, quien inspirada por el divino Espíritu se había dirigido a ella confesándole que quería consagrarse por entero al Señor. Allí, en el Santo Ángel, tuvieron cobijo y fueron iniciadas en los usos de la vida conventual. Posteriormente, ella y otras pocas hermanas, se trasladaron a la ermita de San Damián, donde pudo comenzar a ser visible el milagro franciscano, pues poco a poco se le fueron uniendo otras hermanas, y en el año 1238 había ya 50, además de las enviadas a otras fundaciones.

 

Así comenzó la vida de esta Orden Religiosa fundada por Santa Clara. Su mayor preocupación fue obtener una Regla reflejando el espíritu de Francisco para reemplazar la Regla benedictina que el Papa Gregorio IX había adaptado a su orden. En el año 1252 se aprueba la Regla elaborada por la Hermana Clara, y un año después es publicada la Bula del Papa Inocencio IV aprobando dicha regla, siéndole entregada a Clara el día 9 de Agosto de 1253. Dos días más tarde, el 11 de Agosto de 1253, muere la Hermana Clara. En el 1255 fue canonizada en la Catedral de Anagui por el Papa Alejandro IV y en ese mismo año, Tomás de Celano recibe el encargo del Papa de redactar la Vida y Leyenda de Santa Clara. En 1260 su cuerpo es trasladado a la Basílica de Asís y el 4 de febrero de 1958 es declarada “Patrona de la televisión” por el Papa Pío XII, pues durante su última enfermedad, no pudiendo asistir a la Misa de Nochebuena, milagrosamente vio y oyó la Misa reflejada en la pared de su habitación, cual si fuese una gran pantalla de televisión, Misa que tenía lugar en la Basílica de Asís, lejos de donde ella se encontraba.

Cada año la Hermandad de La Humildad conmemora el día 11 de Agosto, celebrando una misa en honor a tan digna fundadora: Santa Clara de Asís.

 

Bibliografía:

Boletín nº 3, Septiembre de 1993, “La Humildad”.
 
Hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores