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INFORME DE MAYORDOMÍA
“SOBRE LA NECESIDAD DE INTERVENCIÓN EN EL ANTIGUO SUDARIO DEL SEÑOR DE LA HUMILDAD Y PACIENCIA”

La restauración de obras de arte es un proceso muy variado y complejo. La intervención se debe realizar en base a un diagnóstico certero y aplicar el tratamiento elegido a la obra con el mayor respeto y prudencia hacia la misma en todo su conjunto, sin alterar o alterando lo menos posible su status quo. Cada pieza tratada, requiere una atención especial e individualizada en función del material o soporte que la constituye, los deterioros que sufre, la técnica utilizada, las características compositivas de la obra…etc.

Pues bien, ateniéndonos a lo anteriormente dicho, y en vista del mal estado de conservación por un lado, y del valor sentimental y patrimonial de la pieza en cuestión por otro; es de urgente necesidad practicar una intervención que se fundamente en base a una restauración certera y una consolidación en si de la pieza en todos sus elementos constituyentes.

De enorme valor patrimonial para nuestra casa, esta pieza corresponde a lo que popularmente se ha conocido como antiguo sudario de Ntro. Padre y Señor de la Humildad y Paciencia. No obstante, dicha pieza corresponde a un faldellín, un paño de ricas telas y adornos suntuosos que se coloca con frecuencia, fundamentalmente a partir del siglo XVI, tanto a dichas imágenes como a crucificados. Estrictamente, viene a sustituir al denominado paño de pureza o perizoma. En este sentido, y profundizando en este último término, conviene explicar que desde los primeros tiempos del arte cristiano la representación de Jesucristo en el Gólgota se ha caracterizado, entre otras cosas, porque va cubierto con un perizonium o paño de pureza, costumbre que arrancaría de un fragmento de las Actas de Pilatos: “Y, en llegado al lugar convenido, le despojaron de sus vestiduras, le ciñeron un lienzo, y le pusieron alrededor de las sienes una corona de espinas”.

Del mismo modo, son varios los textos que aluden a la desnudez de Cristo y al hecho de que su madre, u otra persona trató de ocultarla proporcionándole algún paño[1]. Pese a que las fuentes escritas no ofrecen un testimonio único acerca de la naturaleza del paño con el que se cubrió la desnudez de Cristo (mencionándose en algunos casos un velo), parece ser que tal vez fue una errónea interpretación de la tradición la que indujo a los artistas a suponer que la Virgen hizo uso de su propio manto para guarecer a su hijo de las miradas ajenas.
Con todo, no faltan casos en los que la piedad popular, tal vez conmovida por la desnudez de Cristo, reclama la imposición de este lienzo sagrado a Nuestro Señor. En definitiva, es posible que Cristo no fuera crucificado desnudo, en contraste con la que era costumbre entre los romanos[2] y tal y como lo creyeron algunos teólogos. La piedad popular y el recato de la Iglesia influyeron para que siempre se le cubriera con el denominado paño de pureza.

Sin embargo, la verdadera funcionalidad de nuestro sudario ya no exige un tratamiento meramente impositivo para suplir las normas que atentan contra el decoro o la decencia, puesto que el paño se acomete ex profeso para nuestro titular, quedando exento de la talla y, por tanto, anulando así y revistiendo el perizoma labrado por el autor para la misma imagen. Con esto, a través de la naturaleza misma del paño (telas ricas, adornos en hilo de oro e inclusión de cristal de roca en sus motivos florales) se constata y se persigue valores más naturalistas y humanizados, o bien, divinizar, más si cabe, la devoción hacia Ntro. Padre y Señor de la Humildad y Paciencia.

En el contexto en que se mueve nuestra pieza, hay que decir que los gustos naturalistas del último barroco y la proximidad con el estilo rocaya permite la inclusión del deleite por ropajes más cuidadosamente labrados, con lo que suntuosamente se empieza a identificar las imágenes a modo de Christus Maiestas o Cristo-Rey. Estos exornos cada vez más complejos y recargados será una constante en todo el siglo XIX, realzándose más aún a finales de siglo con la llegada del Romanticismo, donde aparte de este gusto por los ricos ropajes (profusamente bordados, utilización de telas nobles…) y la “humanización” de las imágenes, existirán otras variantes que denoten un cierto estilo más recargado y teatralizado en tanto en cuanto nos referimos al exorno floral o al acompañamiento musical —por ejemplo—, o como a la gran puesta en escena del cortejo procesional de las cofradías, caracteres que han distinguido desde entonces a la mayoría de las hermandades y cofradías.

Asimismo, es de mencionar la amplia factoría de ropas, mantos, sayas, túnicas… etc. ricamente bordadas y que todavía conservan en su mayoría las hermandades de nuestro pueblo, haciéndose patente, además, en las diferentes salidas procesionales de cada una de ellas, lo que denota una buena conservación de las mismas. Marchena, propiamente y a bien, ha sabido mantener y salvaguardar no sólo este legado sino mucho del rico patrimonio cofradiero, en general, que atesora.

DESCRIPCIÓN DE LA PIEZA Y ANÁLISIS DEL ESTADO DE LA MISMA

En primer lugar, según su cronología, la pieza esta datada, como se puede observar en la inscripción de su reverso, en 1.829; año que corresponde coetáneamente con los orígenes de nuestra hermandad, pues ésta participó de su fundación en 1.820, siendo aprobadas sus reglas un año después. Además, el faldellín en cuestión es fruto de una donación, por lo que ni decir tiene que participa y va vinculado a una devoción fervorosa en torno a la imagen de Ntro. Señor. Por otro lado, y ahondando en los orígenes fundacionales de nuestra hermandad, hay que detenerse, a tenor de lo que constata las crónicas más antiguas que posee nuestra casa, en lo afirmado en el siguiente fragmento[3]: …[tras las] tropelías cometidas por el ejército napoleónico, se procedió por un grupo de fieles, devotos y devotas a su limpieza y adecentamiento [de Ntro. Señor], para así compensar tanta humillación, “se retocó y adornó con un honesto sudario, y fue trasladado, de común acuerdo, y libremente donada al Convento de Nuestro Padre San Francisco de esta villa”, donde gracias a las limosnas de sus fieles, fue colocada en un Altar para su culto y adoración. Con esto, no estamos en la certeza de afirmar que este sea el sudario al que se refiere el fragmento, aunque en su concepción, en cuanto al tratamiento compositivo del paño se refiere, sí se percibe una cierta honestidad y recato. Sin embargo, dicha hipótesis se desmonta del todo si nos atenemos en el baile de fechas que sostiene tanto el sudario que tenemos en cuestión y las primeras reglas de nuestra Hermandad. No obstante, este primer sudario pudiera haber sido fielmente integrado en éste o igualmente sustituido por uno de mayor relevancia y decencia, con lo que la donación en si, sí tendría sentido. Pero son hipótesis varias. En lo que no hay dudas al respecto, y podemos estar en lo cierto, es que si no es éste, seguro que es uno de los primeros faldellines con los que contó nuestra venerada imagen tras erigirse como titular de nuestra Hermandad. Decir ésto solamente, implica poner de manifiesto el enorme e incuestionable patrimonio sentimental que posee este paño, y que por tanto exige estar ligado a nuestra Hermandad en todo su esplendor.

Realizado en soporte de seda natural, engalanado con bordados de motivos florales en los cuales se incrustan pedrerías y cristales, supone una verdadera joya tanto por la ejecución y como por la técnica empleada, como así nos lo ha hecho saber varios especialistas en la materia de las artes textiles. Como hemos dicho anteriormente, su composición no es muy rica en cuanto ornamento se refiere; es decir, el paño se articula en base a un sencillo modelo donde el denominado juego compositivo y decorativo responde a una esquemática representación de elementos florales, enmarcados ellos mismos por varias tipologías circulares, todo ello dispuesto de manera no totalmente simétrica y circundado por un modesto encaje en hilo de oro, tal y como se aprecia en las fotografías que adjuntamos. Sin embargo, este esquematismo no resta ningún ápice de importancia al conjunto total de la obra, ya que representa, en su bella modestia, una pieza de carácter local[4] al margen de modas e influjos estilísticos. Sin duda alguna, estamos ante una interesante obra del arte textil de los talleres locales de nuestra población, pues a tenor de su cronología y estilo, dicha pieza la hace única en su género.

En cuanto a su estado de conservación, es evidente que necesita una intervención de urgencia si nos atenemos a la fragilidad del soporte y al mal estado que presenta en su conjunto, donde podemos observar fragmentos de encajes perdidos; falta de cristales que adorna la composición del paño; pérdida de mingos; rasguños, cortes y zurcidos en la tela; diferentes añadidos con el tiempo, erosión y descomposición del soporte del lienzo…etc.

El deterioro del sudario por tanto es indiscutible, resultado de la enorme utilización tanto en las salidas procesionales de la cofradía como en el uso diario como vestimenta básica del Señor; años en los que la dejadez o el no conocimiento de la importancia de este antiguo paño piadoso ha provocado el estado presente con el que nos hallamos al contemplar el mismo.  


MMayordomía de la Hermandad del Señor la Humildad y Paciencia y Ntra. Señora de los Dolores, sita en los anexos de la Capilla conventual de Santa Clara (Marchena, Sevilla).

 

[1] El episodio en que Cristo es desnudado por los sayones es estudiado por SCHILLER, G.. Iconography of Christian Art; Londres, 1972 pp. 83-85. La misma autora recoge algunas obras artísticas como un panel del Maestro de la pasión de Karlshure, c. 1455-60 y una pintura de Siena de un seguidor de Francisco di Giorgo Martini de la segunda mitad del siglo XV (ilustraciones 314 y 318) donde se hace patente la intervención de María, quien se acerca a Jesús por detrás y cubre su desnudez con un paño blanco.

 [2] De hecho, como recogen las fuentes históricas, los romanos convenían a desnudar a criminales, presos y malhechores antes de ser ejecutado y en el mismo lugar de su ajusticiamiento, en un acto intencionado de burla, saña y desprecio ante la muchedumbre que asistía. Este acto denotaba la pérdida del status y de la honra total por parte del reo.

 [3] “Reglas, Ordenanzas o Constituciones que habrán de observar los cofrades de la Hermandad de Nuestro Padre y Señor de la Humildad y Paciencia que se venera en el convento de Nuestro Santo Padre San Francisco de esta villa de Marchena”.

 [4] ver inscripción al reverso.

 
Hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores